HILL STREET BLUES: Película a las once

 

Emitido el 7 de Febrero de 1981 

El sargento Phil Esterhaus informa de los casos pendientes mientras un equipo de televisión local llega a la comisaría con autorización del capitán Frank Furillo para realizar un reportaje sobre el trabajo policial. Muchos agentes se muestran incómodos al saber que van a ser grabados durante toda la jornada.

La reportera Cynthia Chase (Andrea Marcovicci )decide acompañar a los agentes Bobby Hill y Andy Renko, precisamente porque pocas semanas antes ambos fueron tiroteados y todavía se encuentran recuperándose física y psicológicamente. La periodista busca un reportaje humano sobre policías que vuelven al servicio activo. Mientras circulan patrullando, la cámara de televisión registra conversaciones naturales entre ambos policías; mientras Renko intenta aparentar normalidad, aunque sigue teniendo molestias físicas; Hill procura mostrarse profesional, pero se aprecia que ambos continúan afectados por el atentado. 

Por otra parte los detectives Neal Washington y J.D. LaRue continúan la investigación sobre quién disparó contra Hill y Renko. Una pista les conduce hasta una mujer relacionada con el arma utilizada en el ataque y la investigación empieza por fin a avanzar tras varios episodios de incertidumbre.

El sargento Mick Belker detiene a un individuo que asegura ser Drácula (Tony Plana), que afirma necesitar sangre humana para sobrevivir. Esta trama no se presenta como una broma sino como un claro trastorno mental. Belker, acostumbrado a los personajes más extravagantes de la ciudad, intenta mantener la calma mientras el detenido insiste una y otra vez en que realmente es un vampiro.

Mientras tanto la presencia constante del equipo de televisión empieza a molestar. Algunos ciudadanos exageran su comportamiento cuando descubren que están siendo grabados y otros directamente se niegan a colaborar, incluso algunos policías modifican inconscientemente su manera de hablar y actuar delante de la cámara.

Washington y LaRue localizan finalmente a una mujer que posee la pistola utilizada para disparar contra Hill y Renko y tras un interrogatorio tenso descubren que no fue ella quien efectuó los disparos, sin embargo, conoce al responsable…. La investigación entra en su fase decisiva.

Mientras tanto Furillo intenta equilibrar dos objetivos; por una parte desea ofrecer una buena imagen pública del cuerpo de policía y por otra, observa cómo la televisión interfiere continuamente en el trabajo real de los agentes y empieza a cuestionarse si aceptar el reportaje fue realmente una buena decisión.

Belker continúa lidiando con Kevin Herman (Drácula), que insiste en que necesita alimentarse de sangre, el detenido ha sido arrestado por morder a una prostituta y aunque la situación tiene momentos cómicos, el episodio deja claro que detrás existe una enfermedad mental más que una simple extravagancia.

Washington y LaRue reciben nueva información; la pista conduce finalmente hasta el verdadero sospechoso y se produce una persecución por las calles mientras la tensión aumenta.

Hill y Renko participan finalmente en la identificación del hombre responsable de haberles disparado semanas antes. El momento resulta especialmente importante para ambos porque supone cerrar emocionalmente el episodio más traumático de sus carreras y aunque no desaparecen las secuelas psicológicas, sienten que por fin obtienen cierta justicia.

La reportera consigue imágenes suficientes para completar el documental, sin embargo comprende que el verdadero trabajo policial está formado por largas horas de espera, pequeños incidentes cotidianos y una enorme presión emocional, muy diferente del espectáculo que esperaba encontrar. La periodista agradece a Hill y Renko haber permitido grabar su trabajo.


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