HILL STREET BLUES. CAPÍTULO 2: Fiebre Presidencial


 


Emitido el 17 de Enero de 1981 

El episodio comienza prácticamente donde terminó el anterior. Toda la comisaría está conmocionada tras el ataque sufrido a los agentes Bobby Hill y Andy Renko. Ambos han sido trasladados de urgencia al hospital y sus compañeros esperan noticias con enorme preocupación. Por primera vez la serie muestra cómo un hecho violento no desaparece al final de un episodio, sino que tiene consecuencias emocionales duraderas sobre todos los personajes (algo que empezaba a ser habitual en las series de la década de 1980).

Durante buena parte del capítulo, la atención se centra en la evolución médica de los dos policías. Los médicos trabajan para estabilizarlos mientras amigos, familiares y compañeros acuden al hospital. La incertidumbre afecta especialmente a los agentes de patrulla, que sienten que cualquiera de ellos podría haber estado en esa situación. La serie utiliza estas escenas para mostrar la vulnerabilidad de los policías, alejándose de la imagen heroica e invulnerable típica de muchos dramas policiales de la época.

A pesar del drama, el trabajo diario no se detiene. Mientras algunos agentes permanecen pendientes del hospital, otros deben continuar atendiendo llamadas, realizando arrestos y gestionando problemas cotidianos. Uno de los mensajes centrales del episodio es precisamente ese: el crimen y las emergencias no se detienen porque la policía esté atravesando una crisis interna.

La trama principal del episodio gira en torno al anuncio de una visita presidencial a la ciudad. La posibilidad de que el presidente de los Estados Unidos aparezca en el distrito provoca una auténtica revolución burocrática. De repente llegan nuevas órdenes, se multiplican los protocolos de seguridad, aparecen agentes federales, se revisan planes de emergencia y se reorganizan los recursos policiales. La preparación consume enormes cantidades de tiempo y energía.

Es la llegada de organismos federales la que genera tensiones. Muchos agentes de Hill Street sienten que los visitantes consideran incompetente a la policía local. Los federales pretenden imponer procedimientos estrictos y controlar prácticamente todas las decisiones relacionadas con la seguridad presidencial y esto provoca numerosos enfrentamientos profesionales.

El capitán Frank Furillo debe actuar como mediador, por un lado necesita cooperar con las autoridades federales y por otro, debe defender a sus hombres y mantener la moral de una plantilla golpeada por el atentado contra Hill y Renko. El episodio refuerza la imagen de Furillo como un líder equilibrado, capaz de mantener la calma incluso en circunstancias extremadamente complejas.

Por otra parte, la fiscal Joyce Davenport continúa enfrentándose a dificultades derivadas de la mala coordinación entre policía y fiscalía. Algunos procedimientos no se han realizado correctamente y varios casos corren peligro de venirse abajo. Estas situaciones sirven para mostrar otro de los grandes temas de la serie: la distancia existente entre la teoría legal y la realidad cotidiana de las calles.

El detective Mick Belker protagoniza varias intervenciones características. Mientras otros personajes se ocupan de cuestiones administrativas o políticas, Belker continúa persiguiendo delincuentes con sus métodos poco convencionales. Su comportamiento aporta momentos de humor dentro de un episodio bastante tenso. Ya desde estos primeros capítulos queda claro que es uno de los policías más eficaces de la comisaría, aunque también uno de los más difíciles de controlar.

Uno de los aspectos más interesantes del capítulo es cómo afecta el atentado a los compañeros de Hill y Renko. Muchos agentes comienzan a cuestionarse los riesgos de su profesión, su propia seguridad y el impacto que tendría una tragedia similar sobre sus familias. La serie dedica bastante tiempo a estas consecuencias psicológicas, algo muy innovador para la televisión de 1981.

Paralelamente continúan desarrollándose las escenas relacionadas con la relación sentimental entre Furillo y Joyce. Ambos intentan mantener separados los asuntos profesionales y personales, sin embargo, las exigencias de sus respectivos cargos complican continuamente esa tarea y la tensión romántica sigue creciendo a medida que la serie avanza. 

Conforme se acerca la visita, la operación de seguridad alcanza su punto máximo; la policía despliega recursos extraordinarios y la ciudad entra prácticamente en modo de alerta. Finalmente la amenaza de incidentes graves se desvanece y el operativo concluye sin grandes catástrofes. Sin embargo, el episodio deja claro que el esfuerzo ha agotado física y emocionalmente a muchos de los participantes.

La secuencia final devuelve la atención a Hill y Renko. Tras la angustia acumulada durante todo el episodio, se confirma que ambos han sobrevivido al tiroteo. Aunque las heridas son graves y la recuperación será larga, la noticia provoca un enorme alivio entre sus compañeros. La comisaría recupera parcialmente la moral perdida desde el final del piloto. El episodio termina con una mezcla de esperanza y cansancio. No hay celebración grandiosa ni triunfalismo. Simplemente queda la sensación de que los personajes han superado una prueba durísima y que al día siguiente tendrán que volver a enfrentarse a los mismos problemas de siempre.

Curiosidades del episodio

Este episodio resolvió uno de los primeros grandes cliffhangers policiales modernos El final del piloto había dejado al público preguntándose durante una semana si Hill y Renko sobrevivirían. La resolución fue uno de los temas más comentados por los espectadores de la época.

A diferencia de muchas producciones policiales anteriores, las heridas sufridas por los personajes no desaparecen mágicamente entre episodios. Las consecuencias físicas y emocionales continúan desarrollándose durante semanas, por lo que confirmó el tono realista de la serie. 

La trama de la visita presidencial es un ejemplo perfecto del estilo de la serie: en lugar de centrarse únicamente en persecuciones y tiroteos, dedica mucho tiempo a mostrar procedimientos administrativos, conflictos de jurisdicción y problemas organizativos.

Además este episodio establece definitivamente a Frank Furillo como el eje moral y narrativo de la serie, un papel que mantendría durante sus siete temporadas

Tras las excelentes críticas recibidas por el piloto, muchos espectadores se incorporaron a la serie precisamente para conocer el destino de Hill y Renko, ayudando a crear la reputación de calidad que acabaría distinguiendo a la producción durante toda la década de los ochenta.


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