HILL STREET BLUES. CAPÍTULO 12: Nunca te prometí una rosa, Marvin


Emitido el 21 de Marzo de 1981

El briefing de Phil Esterhaus comienza con un momento que mezcla humor y melancolía. En la sala de reuniones aparece una urna con las cenizas de Marvin "Marv" Box, el instalador telefónico que había fallecido recientemente mientras trabajaba en la comisaría. Esterhaus anuncia solemnemente que, por deseo del propio Marv, sus cenizas permanecerán durante unas horas junto a la cafetera para que todos los policías puedan despedirse de él. Esto provoca sonrisas entre los agentes, pero también deja claro el afecto que todos sentían por aquel trabajador que, sin ser policía, formaba parte de la vida cotidiana de Hill Street. Incluso Esterhaus lee un pequeño poema encontrado entre las pertenencias del fallecido, convirtiendo un momento potencialmente absurdo en un homenaje sincero. 

Las pruebas acumuladas contra el respetado concejal Tom McAuley son ya demasiado sólidas para ignorarlas. Mientras otros mandos del departamento preferirían cerrar el asunto discretamente, Furillo toma una decisión definitiva, pedirá formalmente que McAuley sea citado y procesado. La medida provoca un auténtico terremoto político; el comandante Swanson y el teniente Schneider intentan convencer a Furillo de que recapacite, ambos no niegan las pruebas pero lo que les preocupa son las consecuencias. Frank mantiene un tono sereno y recuerda que la obligación de un policía consiste en investigar los delitos, independientemente de quién los haya cometido. Schneider termina quedando en una posición muy comprometida, ya que su investigación inicial había intentado orientar el caso hacia un sospechoso mucho más fácil de condenar.

Paralelamente, Joyce Davenport está convencida de que Rodríguez, el hombre inicialmente acusado del asesinato, está siendo utilizado como cabeza de turco para proteger a McAuley. Joyce trabaja intensamente para evitar que un inocente termine condenado y sus investigaciones coinciden finalmente con las de Furillo. Aunque ambos pertenecen a mundos distintos —ella como abogada defensora y él como capitán de policía— vuelven a demostrar que comparten el mismo objetivo: que la justicia alcance al verdadero responsable.

Mientras la investigación avanza, cada vez resulta más evidente que la carrera profesional de Furillo está llegando a un punto muerto, los rumores dejan de ser rumores y aunque nadie se lo dice expresamente, todos entienden que ningún político apoyará el ascenso de un capitán que acaba de procesar a uno de los miembros más influyentes del ayuntamiento. La noticia se extiende rápidamente por la comisaría y lejos de alegrarse, muchos agentes sienten alivio ya que la inmensa mayoría desea que Furillo continúe siendo su capitán. Además comienzan a aparecer decenas de solicitudes de traslado, no porque los policías quieran marcharse, al contrario, muchos temen que, si Furillo asciende, Hill Street cambie por completo y prefieren adelantarse antes de trabajar bajo un nuevo mando. Incluso Belker presenta una sorprendente solicitud para pasar a Narcóticos. 

La policía consigue identificar al autor de las llamadas obscenas que sufría Fay Furillo, la sorpresa es enorme, ya que no se trata de un criminal habitual, si no que es uno de los pacientes del psiquiatra Harvey, la pareja sentimental de Fay. Frank monta en cólera al descubrir que Harvey no había valorado adecuadamente el peligro que representaba aquel hombre y aunque Fay siente inicialmente cierta compasión por el acosador debido a sus problemas mentales, Frank consigue convencerla de que presente cargos.

La trama cómica pertenece nuevamente al teniente Howard Hunter. Después de semanas defendiendo el proyecto, consigue finalmente que el departamento apruebe la utilización de su vehículo táctico blindado, el PANDA, un pequeño tanque diseñado para intervenir en zonas de alto riesgo. El agente organiza una demostración para varios superiores e incluso para representantes japoneses de la empresa fabricante y el vehículo supera con éxito una prueba por la temida "Sniper Alley", lo que parece confirmar todas las teorías de Hunter. Sin embargo, mientras el grupo celebra el éxito almorzando, alguien roba el vehículo y cuando consiguen localizarlo horas más tarde, el tanque ha sido completamente desvalijado, le han quitado prácticamente todas las piezas útiles y finalmente aparece abandonado y hundido en el río.

Entretanto, J.D. LaRue continúa intentando sacar adelante su proyecto empresarial. Después de invertir dinero y tiempo, todo termina viniéndose abajo de manera casi literal. El local donde pensaba iniciar el negocio queda destruido y sus ilusiones desaparecen de golpe, LaRue intenta aparentar indiferencia, pero resulta evidente que el golpe le afecta profundamente.

En una conversación mucho más íntima, Phil Esterhaus confiesa a Henry Goldblume que desea tener hijos con Cindy, la joven mujer con la que mantiene una relación.


 

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